Durante mi infancia fui un gran aficionado de las “Tortugas Ninja”, aquellos reptiles mutantes que nacieron en 1984 en las páginas de un cómic (creado por Kevin Eastman y Peter Laird titulado Eastman and Laird’s Teenage Mutant Ninja Turtles. Fue lanzado en 1984 y publicado por Mirage Studios).
La historia gira alrededor de cuatro tortugas mutantes (Leonardo, Raphael, Miguel Ángel y Donatello) las cuales han sido entrenadas en el arte del ninjutsu por su sensei rata, el Maestro Splinter. Viven en su guarida en las alcantarillas y emergen de ahí para luchar contra los villanos de la ciudad de Nueva York… y comer la pizza más deliciosa que puedan imaginar. A través de batallas con Shredder, el Kraang y muchísimos mutantes súper poderosos, las Tortugas aprenden a conocerse y confiar en sus hermanos mientras crecen y se convierten en los héroes que están destinados a ser [1].
Pero una cosa son estos cuatro vigilantes nocturnos, producto de una mutación provocada por residuos radioactivos a los que fueron expuestos en un laboratorio de biotecnología en la ciudad de Nueva York, y otra muy diferente los animales genéticamente modificados que se estudian en un verdadero laboratorio de biotecnología.
Antes de hablar sobre los laboratorios de biotecnología, y los animales que se usan en ellos, es importante definir qué es la modificación genética:
La modificación genética es la tecnología del control y transferencia de ADN de un organismo a otro, lo que posibilita la corrección de los defectos genéticos y la creación de nuevas cepas (microorganismos), variedades (plantas) y razas (animales). Es posible modificar alimentos genéticamente, por ejemplo las fresas para que se mantengan frescas durante más tiempo, o el arroz, de forma que contenga un mayor valor vitamínico. A esta modificación tambien se le conoce como transgénesis.
Cuando un científico modifica genéticamente una planta, introduce un gen extraño en los genes de la propia planta. Puede ser, por ejemplo, un gen de una bacteria resistente al pesticida. Como resultado, la planta modificada genéticamente hereda las características contenidas en el código genético, y se hace apta también para soportar los pesticidas.
Con las técnicas de transgénesis es posible la modificación genética, de esta manera se pueden transferir genes de una especie a otra. Esto ocurre porque todos los genes, tanto humanos como vegetales, animales o bacterianos son creados a partir del mismo material. Los científicos genetistas disponen así de una enorme cantidad de características genéticas de dónde elegir.
Estos científicos genéticos hacen uso de metodologías de ingeniería genética para la cría y producción de animales y plantas modificados genéticamente con características singulares que mejoran, complementan o perfeccionan las condiciones de los ancestros originales (denominados wild-type).
Los ingenieros genéticos presentan múltiples razones con las cuales respaldan la necesidad de criar y producir animales modificados genéticamente, entre ellas podemos destacar:
1. Avanzar en el conocimiento y descifrar el código genético.
2. Estudiar el control genético de los procesos fisiológicos.
3. Construir modelos genéticos de enfermedades.
4. Mejorar la producción animal, enriqueciendo sus rasgos y consiguiendo nuevos productos [2].
Basando su trabajo sobre estas razones, se han desarrollado un gran número de animales genéticamente modificados los cuales han sido creados por distintos motivos.
Por ejemplo, se han creado cerdos con el único objetivo de ser portadores de órganos humanos (riñón, corazón, hígado y médula ósea etc.) que después de ser desarrollados dentro del animal, servirán para ser trasplantados en seres humanos. Otro ejemplo es el diseño de roedores transgénicos (o modificados genéticamente) sensibles a toxinas medioambientales que son capaces de evaluar la seguridad de medicamentos, productos o materiales. Es importante comentar que muchas de estas investigaciones no presentan resultados tan favorables ya que aún entre los humanos resulta muy difícil encontrar personas compatibles para donar órganos.
Una industria que presta mucho interés en el uso de este tipo de animales transgénicos es la de los animales de granja (vacas lecheras, cerdos, gallinas etc.) y la razón es muy simple: a esta industria le conviene ¨producir¨ la mayor cantidad de animales cuya carne, leche o huevo sea de una mejor calidad y económicamente resulte más barato [2].
Pero, ¿qué pasa cuando todos esos “productos” provienen de seres que están vivos? Es decir, a los cerdos portadores de órganos se les deja crecer únicamente para ser asesinados después, o a las vacas lecheras se les hacen modificaciones genéticas para que produzcan una leche más nutritiva y de esta manera convertirse en “fábricas de leche”.
Surge tambien la pregunta: ¿es útil la experimentación con animales? Y la razón por la que este tipo de experimentación ha tenido mucho auge y encuentra una ¨utilidad¨ tiene su base en el hecho de considerar a otras especies animales como modelos en miniatura de los problemas humanos, sin los severos cuestionamientos éticos que conlleva experimentar con ellos.
La experimentación animal tambien afirma que los animales utilizados en los ensayos son lo suficientemente parecidos a nosotros como para poder extrapolar a la especie humana los resultados de los experimentos a los que son sometidos. Si son tan parecidos a nosotros, por justicia merecen entonces la misma consideración que nosotros y deberían ser protegidos como nuestros iguales [3].
Pero, regresando con las Tortugas Ninja, ¿qué tipo de experimentos se estaban llevando a cabo en ese laboratorio de Nueva York para que un simple accidente creara a cuatro tortugas de gran tamaño y que además tuvieran un cerebro muy parecido al humano (para aprender jiujitsu por ejemplo)? Muy extraño ¿no creen?.
Es evidente que la ciencia actual aún no es capaz de crear criaturas de ese tipo, aunque sin duda alguna los avances en este rubro son dignos de mencionar. Y son dignos de mencionar porque este tipo de conocimientos nos ayudan como sociedad a desarrollarnos y crecer pero, a manera de conclusión, me gustaría dejarlos con la siguiente pregunta: ¿el resultado justifica los medios? Es decir, ¿es éticamente justificable experimentar en animales (aproximadamente 50 y 100 millones cada año [4]) para avanzar en el conocimiento científico? ¿Realmente queremos como sociedad beneficiarnos con esta matanza de animales en pos de nuestro desarrollo cientifico?

Luis H.C

Creador de contenidos en la Bombilla. Estudiante de Química en la Universidad Nacional Autónoma de México
Referencias
[1] http://turtles.mundonick.com/info
[2] M. d. L. A. Peñaranda, «Animales Modificados Geneticamente, Aplicaciones,» Genetica II, pp. 64-73, 2008.
[3] http://www.pacma.es/p/31
[4]http://www.comoves.unam.mx/numeros/articulo/179/experimentos-con-animales-mal-necesario